viernes, noviembre 24, 2017

Vacaciones

Los primeros dos meses de espera pasaron volando, el tercer y último fue un poco más lento. Los últimos días se me hicieron interminables; pero siempre tendré esas 2 horas en mi memoria, y vos en la tuya.

No fue tan difícil convencer a tu marido de que Viña del Mar era el lugar perfecto para pasar una semana de vacaciones, todo el mundo ama Viña en verano. Suerte que unos de mis mejores amigos se casa en marzo; una despedida de soltero a fines de febrero no tiene nada de malo.

Ni todas las fantasías del mundo se compararon al premio de esperar una mañana entera hasta que él saliera a enviar correos, hacer sus llamadas de oficina, ordenar su oficina a 2.000 kms. El tiempo que demorara sería perfecto.

Entrar al hotel y hacerme pasar por un primo que no veías desde niña, se me revolvía el estómago de nervios que no me creyeran; y al escuchar "el ascensor está en esa dirección" todo en mi tembló.

Subí hasta el piso 9, y llegué hasta la puerta cuyo número llevaba anotado en un trozo de papel, '915'. Respiré hondo, sonreí, y cuando iba a tocar la puerta, esta se entreabrió con una corriente de aire. "Pasá, estoy aquí", se oyó desde adentro.

Entré y te busqué, estabas en el sofá del livig, usando solo una bata, me viste y te mordiste el labio, sonreiste y me dijiste "vení que mucho tiempo no tenés". Mientras me lo decias, yo solo pensaba en besar esos labios rosados, que al probarlos me llevaron a lo más alto, y mis manos buscaron despojarte de esa bata blanca con el nombre del hotel bordado en ella.

Te tendiste de espaldas y me dejaste besarte, desde tu pelo a tus pies, sentir el sabor de tu cuello, tus pechos, tu vientre, tus piernas; fue exquisito. Sentir el sabor de tu sexo, fue mágico.

Mi lengua golpeando tu clítoris una y mil veces, mezclar mi saliva en tus fluidos y beberlos como el trago más delicioso que ningún bar pudiera servir, solo hacía que te retorcieras en el sofá, te sostuvieras con una mano, y con la otra me presionabas contra ti.

- Pará, pará. Ven y sígueme - dijiste al tiempo que me tomabas de la mano, y me llevabas hasta el fondo del pasillo.
- Aquí no puedes entrar con ropa puesta.

Me desabrochaste la camisa, y mientras me la quitaba me besaste la boca, besaste mi pecho, y te pusiste de rodillas, para ayudarme con el resto.
Mi pene erecto te dificultó un poco las cosas al quitarme la ropa interior, pero al tenerlo frente a ti, deslizaste la lengua desde la base a la punta, como alguna vez lo describiste; me tomaste de los huevos al tiempo que lo metias en tu boca, y tu lengua jugueteaba en espiral en torno a mi sexo, que se ponía cada vez más duro para ti.

Entramos al cuarto, la cama no estaba hecha, lo que era perfecto para tendernos sobre ella; besarnos y tocarnos como 2 almas que necesitaban descubrirse.
Me puse de espaldas y te subiste sobre mi, rozandome con tus pechos las piernas, mi sexo y mi pecho; hasta llevarlos a mi boca.

Senti el sabor de tus pezones, al tiempo que penetraba dentro de ti, y solo se me ocurrió hundir mis manos en tus muslos, y sentir el movimiento de tus caderas.
El placer del roce de tu sexo contra el mio no lo podria describir, valió cada día de espera de esos 3 meses.

Te levantaste suavemente, y volviste a bajar, para que pudiese ver como nuestros cuerpos se fundían. Ese maravilloso momento en que mis huevos chocaban contra ti me impulsaban a moverme para que sucediera lo más posible.
Presionaste mi pecho con una mano, y me hiciste una seña de "No", y entendí que era tu momento de llevar el control.

Te levantaste despacio, anduviste a gatas sobre la cama, hasta que tu cola quedó hacia mí. Giraste la cabeza y me miraste a los ojos, esperando que te montara. En lugar de eso fue mi boca la que se unió a tu sexo como un iman, mojando mi barba, empapandome de ti.
Mi lengua se deslizo de tu sexo a tu ano, y cuando ya no dabas más, me puse de rodillas detrás tuyo, y te embestí con todas mis ganas.

El sonido de tu culo chocando contra mis huevos se escuchaba por todo el cuarto, solo superado por tus quejidos y gemidos. No pude aguantar meter mi dedo pulgar en tu ano, muy de a poco hasta hacerlo desaparecer.

El ritmo de nuestra respiración se hizo uno solo, y nuestros cuerpos alcanzaron el clímax al unísono. Jadeantes de placer nos tumbamos en la cama, me besaste y me dijiste "encanto, tenés que irte ya".

Te metiste a la ducha y me dijiste "quizá mañana te deje ducharte conmigo".
De eso no han pasado 24 horas, y voy subiendo nuevamente en el ascensor, al '915', y solo pienso en esa bendita ducha.

martes, noviembre 14, 2017

N.o.t.

Esta no es una carta de amor; lo aclaro solo para que estemos de acuerdo en esto desde el comienzo.
No sabemos a lo que nos enfrentamos,
hasta que nos atrevemos a enfrentarlo.
Nos hacemos cargo de todo lo que pasa por nuestra cabeza, y dejamos de ser tan herméticos, de una vez por todas.
No hubo palabras, no hubo gestos, todo pasó mentalmente a la velocidad de la luz,
y sin embargo es como si hubiese vivido cada una de las opciones que se me ocurrieron en esos 10 segundos.
No sé qué fue peor; haber vuelto a casa con una licuadora a mil por hora revolviendo cada pensamiento que intenté formular para escapar de esos 10 segundos; o si lo fue el hecho de que no fui el único atrapado en ese torbellino.
Nos arrepentiremos siempre de cosas diferentes, Tú de haberme pedido que vuelva, yo de no volver. Desde que desperté al día siguiente repaso cada cosa que pude haber hecho de forma difernte, solo para alcanzarte; pero no hice ninguna, lo que anula cualquiera de mis intenciones.
Era fácil salir de mi casa, excusas sobraban. Lo difícil era volver a entrar, contigo dentro de mi cabeza.
Esta no es una carta de amor; lo repito para recordárselo a quien lo lea, en caso que haya alguien leyendo.
No sé cuántas caras tuyas conozco, ni creo que viva lo suficiente para contarlas; pero creo que estuve a punto de conocer la mejor de ellas, y quizás, como un animal en peligro de extinción, jamás la conozca; así como tu jamás leerás esto. Por ahora no, al menos.
Transformar el Usted en Tú, fue lejos lo mejor que pude sentir, una especie de liberación que me abría la puerta a ser yo mismo, y dejar salir parte de lo que guardo solo para mi.
Para ti, no sé que habrá significado, y por lo que entiendo, intentas tapar el sol con un dedo todos los días, hasta convencerte de que fue un error todo lo que ocurrió después de las 02.30 am.
Tal vez un día consigas convencerte de esa mentira, me invites y me ayudes a hacer lo mismo. A ratos lo necesito.
Esta no es una carta de amor, espero le haya quedado claro a alguien, además de a mi, que aún tengo la duda de si lo es o no.

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No sé a qué juegas, pero intento seguirte la corriente.
Al parecer la idea es usar la máscara y seguir. Lo bueno es que funciona, tengo un baúl lleno de máscaras.
"La verdad es todo aquello que puedes demostrar"; no hay nada que demostrar, por lo que un recuerdo no convierte algo en real.
Cada día olvido parte de esos 10 segundos, y cada día me importa menos las implicaciones de todo eso, porque cada día la verdad se acerca a la lápida que creaste: "Esto no sucedió jamás", "No hay nada de que hablar", "No hay nada que recordar".
Me vuelves a caer bien a ratos, y a otros tantos no se si deberías caerme bien o mal, por lo que la normalidad cae como hojas de otoño. Pronto el árbol estará desnudo.

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Ninja
Nos diferenciamos de un niño,
en nuestra capacidad de vivir nuestras fantasías.
Un niño siempre soñará que son realizables,
sin importar lo que le digas. Algún día, no importa como, cuando ni donde, se hará realidad.
Nosotros tenemos que aprender a seguir soñando, y llevar nuestras fantasías al rincón de nuestra cabeza, donde limitan los sueños con nuestra vida.
Por casi un año quedé ciego, y volvi a ser un niño, pensando que algún día mi fantasía dejaría se ser solo un sueño. No podía estar más equivocado.
Nunca me han gustado las normas o las leyes, tampoco he hecho un esfuerzo por ocultarlo; pero debo ser parte de una sociedad que se rige por ellas, y donde así se demuestra el respeto por el otro.
Es ese respeto el que quiero conservar estos días, hacia mi primero, hacia ti segundo. Tercero, a quienes corresponda.
No te escribo para caerte bien. Día a día lo consigo apenas, y metiendo la pata cada media hora. Solo te escribo para recordarte que solo busco verte sonreir.
Nunca voy a pretender más que sacarte una sonrisa, aunque estúpidamente haga creer lo contrario, te lo prometo; verte sonreir me hace el día, y con eso me basta. Tú tienes felizmente una vida, yo tengo la mía; estoy absolutamente de acuerdo con eso.
Incluso aunque no uses tus técnicas ninja de evasión, en las que o desapareces de la faz del salón, o me recuerdas que no estás sola; conozco perfectamente mis límites.
Me pasaría de mentiroso si niego que me gustas, pero no te miento al decirte que jamás lo insinuaré o lo haré notar, no intencionalmente al menos. Pero sí, intencionalmente, haré todo lo posible para que nadie lo note, incluso usted. Lo prometo.

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Cosas que nunca te diría
Por alguna razón que es tabú (porque es prohibido hablar de ello, pero yo creo que ambos sabemos de qué trataría esa conversación) solo hay ciertos temas que puedo hablar contigo.
Solo preguntas y respuestas.
Una vez te pregunté cuál era la dinámica. "¿Ud.* me habla, yo le respondo?" (* siempre ha sido raro que me digan usted)
Bien, si yo no le hablo, no hay respuesta. Pero hay destellos en los que incluso conversamos intercambiando frases e ideas (wooow).
Pero cuando la veo después, es con la que menos me comunico. Algo raro hay aquí.
Hay veces que ha estado a punto de reirse, pero su uniforme la frena. Esa es la debilidad de los uniformes, nos quitan una parte de nosotros. No es que tengan fortalezas, pero esa es su debilidad.
Es como si fueras dos personas diferentes, creo que una vez te lo dije, no me acuerdo. No sé si respondes por responder, o realmente respondes porque quieres hacerlo. Alguna diferencia debe haber ahí.
Sinceramente, si yo fuera tu, respondería por responder. No sé de qué hablarte sin meterme en tus asuntos, ni sé qué contarte antes de que me digas que no te interesa en lo absoluto.
No tenemos temas en común, quizá uno que otro. Intenté inventar un tema para poder conversar más, pero no resultó, por eso te hablo cada vez menos, a modo de dar la causa perdida.
Me encantas, te miro y me pasan las mismas cosas que me vienen pasando hace meses, pero me veo y ya me reconozco como psicópata, y eso no puede ser. Si te hablo menos es para autoconvencerme de que no te estoy acosando.
Si supieras cuántas horas al día pienso en ti, exigirías que se juzgue el acoso mental.
Eres el veneno que mataría por beber. Eso no va a cambiar, por lo menos hoy o mañana.
Sueño despierto cada 5 minutos, y si no me interrumpo ese sueño, alguien más pregunta "en qué estás tan pegado". Decir "en nada" no convence a nadie, menos a mi.

miércoles, marzo 22, 2017

Lunes

Tuvieron que pasar 6 años para verte de nuevo, tu espíritu insosegable te llevó a tener más hogares de los que yo he tenido, y vivir más aventuras de las que he podido soñar.
Tu huella fue esquiva pero no invisible, y por fin pudimos dar con tu paradero.
Gracias amigo por estar aún vivo, sano y feliz, tal y como te recuerdo.
Quizás no vivirás bajo mi techo nuevamente, pero sé que nos veremos más seguido, para disfrutar de los días que no pudimos.
Qué alegría más grande poder abrazarte y derramar libre las lágrimas acumuladas durante largos 6 años, que ya se notan en tu rostro aventurero.
Jamás podremos volver en el tiempo, ni recuperar lo perdido, pero sí podremos vernos, y jugar como si el tiempo no existiera, ni nos tuviéramos que separar de nuevo.
Te amo Lunes, ahora Domingo, tienes la vida que mereces, y una familia que te cuida como un tesoro. Después de todo lo que te ha tocado vivir, es lo mínimo que te podría haber dado la vida.

Nos vemos luego, un abrazo de perro